Baloncesto Corrales ha jugado dos partidos durísimos en
apenas cuatro días (uno
de ellos se resolvió en la prórroga) y con una rotación de ocho jugadores. Sus sueños de
disputar la Fase Astur-Cántabra se difuminan a la misma velocidad
que se agotan las fuerzas de sus escasos efectivos. Además,
han tenido enfrente a unos combativos blacks, que han
sabido aprovechar sus cartas y desmembrar a un combinado
herido de muerte por las lesiones y las ausencias.
El inicio del partido llegaba marcado por la
insospechada exclusión de Aitor Fernández del
quinteto inicial corraliego (al que había que sumar la baja de
Domingo Gómez). Por su parte, los camargueses sorprendían
con la participación de Nacho Cid entre los cinco elegidos:
su función era detener a Rafa Castillo (es decir, bailar con la más
fea), y con esta decisión, los de Maliaño suprimían la
presencia de un base nato.
La estrategia confeccionada por David Fernández parecía
no dar los frutos apetecidos a corto plazo. A pesar de la
encomiable labor de Nacho, Tete Castillo
embocaba con certeza, encaminándose sin pausa hacia su
media de 24 puntos por partido (cinco en los siete primeros
minutos). Para colmo de males, el conjunto local sufría un
gran atasco en ataque fruto de la implacable defensa zonal corraliega. Si le añadimos la
aportación ofensiva de Fifi Gómez, con 14 puntos en diez
minutos (se le notaba más fresco que a sus
compañeros), entenderemos con facilidad sus ocho puntos de ventaja (23-31).
Cambio de escenario
La actuación estelar del ocho negro Ángel
Rodríguez (16 tantos hasta
el descanso), con la imprescindible ayuda de Manu Alonso (en línea ascendente), giraba el rumbo del
partido 180 grados, y ambos colocaban a su equipo cinco puntos
arriba con un parcial escalofriante (38-33, min.21). La
lesión del alero camargués parecía levantar atisbos de
victoria para un equipo que, bajo la batuta del tirador
más plavi de la liga, sufría hasta enctonces una crisis de
enormes registros.
Y cuando Baloncesto Corrales estaba obligado a dar un
punto más en su esfuerzo para remontar, las fuerzas le abandonaron. Empezaron a pagar los excesos del miércoles:
los jugadores parecían noqueados en ataque y se encontraban demasiado
lentos en el balance defensivo (les pesaban las piernas).
Amide dio una vuelta más de tuerca a la estrategia de
asfixiar al cerebro visitante y éste no brilló con la luz
acostumbrada.
Rojos que desfallecen
La reaparición demoledora del exterior serbo-montenegrino Ángel Rodríguez daba al traste con las
opciones de victoria de los pupilos de Óscar Pérez. El punto y
final se produjo con dos triples consecutivos del propio
Paspalj (uno de ellos sobre la bocina de 24 segundos y desde
ocho metros) y la desagradable lesión de Rafa Castillo, que
le impidió disputar los últimos cinco minutos de partido
(67-49).
Los visitantes lucharon hasta la extenuación. Firmes
ante el desaliento, bregaron sin descanso, pero la suerte
estaba echada. La sapiencia de la dupla técnica camarguesa no permitió que se escapara una victoria (70-55) que les ayuda a
proseguir en su fiera pugna por eludir la última plaza de
la clasificación.