Se puede resumir como el partido de los
reconocimientos. El primero a los equipos: lamentablemente
uno de los dos se quedará fuera de la fase, pero su concepción del juego nos fascina. Han comprendido
perfectamente que el baloncesto es espectáculo puro y duro, son los
dos equipos anotadores por excelencia de la
liga, atrayendo al público con el genuino showtime angelino de los años 80, que tiñe a la competición con una estela
de brillantez, a base de una amalgama heterogénea de
atractivas prácticas ofensivas, desconocidas durante la última
temporada.
Y el segundo reconocimiento es a los entrenadores de ambos equipos,
dos técnicos jóvenes, titulados, sobradamente capacitados
y noveles en la Primera. Han logrado con sus
inexpertas plantillas éxitos difícilmente exigibles a
veteranos en estas lides. Aire fresco para el gremio de los
coachs cántabros: la competencia estimulará la
iniciativa de los monitores, con total seguridad.
Santander UGT ha dado un paso más en el incierto camino hacia las plazas que dan derecho a disputar el sector
biprovincial. El gran artífice se encuentra probablemente en los
banquillos, Pablo Portilla. Cuando le ensalzamos al comienzo
de liga (con balance negativo de 0-2), alguno pudo acusarnos de vendedores de humo. El tiempo ha vuelto a ejercer
de juez insobornable y su sentencia parece irrevocable: los
santanderinos han realizado una extraordinaria fase
regular.
Por su lado, David Fernández ha escrito con letras
mayúsculas su nombre en la liga. Su conjunto ha entrado
en una peligrosa dinámica perdedora que le puede dejar sin
guinda a un pastel que parecía horneado con una
excepcional primera vuelta. Sólo cabe recordar que en verano los renedanos
sucumbían por una treintena de puntos ante Merkamueble y el
mundillo lo tachaba como un resultado normal.
Desde entonces han sido semifinalistas de la Copa y han
liderado la liga, superando a los amarillos.
David cree ciegamente en su trabajo y en sus
pupilos, perdiendo por veinte o ganando a los gallos en su
propio corral, su compromiso elimina cualquier
fisura dentro del plantel.
Santander Suns
El partido comenzó con un vibrante intercambio de
canastas que dejaba como primera víctima colateral a Jaime
García (sumaba dos faltas personales en los primeros cuatro
minutos). Con la estrella visitante en el frío banquillo,
emergía el huracán ofensivo de los capitalinos. Su nivel
de acierto cara a canasta rozaba la perfección, ante el
asombro y regocizo de sus incondicionales.
Los locales emulaban a los Phoenix Suns de Mike
D'Antoni, destacando particularmente sobre la
actuación grupal la fenomenal dirección de MC Javier
Tazón (Steve Nash), la desconocida versatilidad
del Tanque Borja Calvo (Shawn Marion) y
el interesantísimo fichaje interior de Julen
Portillo (Amare Stoudemire). Resultado: 61 puntos en apenas veintiún
minutos, superando con una desconcertante superioridad cualquier variente defensiva lechera. A los renedanos sólo
les quedaba sentarse y aplaudir.
Reacción bajo presión
El tercer cuarto parecía seguir por el sendero
trazado en la primera mitad. Una vuelta de tuerca defensiva
de los visitantes, con constantes dos contra unos a toda cancha,
rompía los esquemas locales, que naufragaban sin remedio
aparente en el revuelto mar de las pérdidas de balón. Si a
ello le sumamos la aparición de Maravilla
Jaime García, con su clásica habilidad ofensiva, y la
consistencia de Hector Cayón (único destacado en
los dos periodos anteriores) obtenemos una drástica
reducción a sólo siete puntos (72-65), con diez minutos por
disputarse.
El alma del cambio de rumbo del encuentro lo hallamos
en la figura de Nacho Gómez. Ha llegado el
momento de alabar el trabajo de Ganarás el pan con el sudor de tu frente. Su labor es poco
vistosa y notablemente oscura: se ocupa de bregar en la pintura con
hombres más poderosos que él, con un
escalofriante déficit de kilos. Su espíritu, tesón,
intensidad y entrega en las facetas más arduas del juego
pasan desapercibidas para el
público. Pero el
nueve es un líder en los momentos de máxima tensión, instigando al
sacrificio a sus compañeros por el bien común. No necesita
encestar para ser vital.
Lucha por el average
Cuando parecía que los pupilos de David Fernández se
iban a colocar por encima en el electrónico, despertaba de su
letargo el Sastre Pepín Fernández, tejiendo
los últimos retoques (con cinco puntos consecutivos) de un
diseño que ya había confeccionado en la primera mitad. Los
jugones son así, aparecen, desquician a sus rivales y
sonríen como si la cosa no fuese con ellos. A falta de dos
minutos comenzaba la lucha táctica por el average. La
victoria era local, pero había mucho más en juego. El
premio gordo esperaba impertérrito al mayor pujador.
Un carrusel interminable de tiros libres, sumado a la
concesión alternativa de tiempos muertos, provocó que los
dos últimos minutos de partido durasen casi diez. Estilo fútbol
americano, los técnicos paraban después de cada acción,
solicitando el tiempo para disponer del saque desde la línea del centro del campo.
Y aquí consumó su fracaso la escuadra lechera: sus esperanzas
se estrellaron en el gélido aro santanderino, ante la
desbordante e irrefrenable alegría de los locales. Ni
siquiera los dos García (Jaime y Marcos) fueron capaces de
mostrar su cotidiana regularidad desde la fatídica línea. Partido para enmarcar y no olvidar fácilmente:
centenario y decisivo.