El 20 de mayo de 1997, el Caja Cantabria culminaba los sueños de los aficionados al basket de Torrelavega y de toda la comunidad. El triunfo en el quinto partido de la serie ante el Breogán Lugo (74-64) ponía fin a una histórica e infartante eliminatoria, en la que los cántabros tuvieron que remontar la ventaja lucense para acabar sentenciando todo un ascenso a la Liga ACB en el Vicente Trueba.
Aquella noche más de cuatro mil espectadores se congregaron en un recinto cuya capacidad máxima demostrada era de tres mil. El ambiente infernal vivido durante toda la eliminatoria le valió el sobrenombre de la Bombonera del Cantábrico. Y no era para menos, porque los gritos y las palmas de apoyo de los aficionados hacían ensordecer los bombos y sirenas del pabellón, hasta el punto de intimidar a árbitros y adversarios (que se lo pregunten a Álex Escudero).

Pero fueron estos trece hombres los que convirtieron el sueño en realidad: desde el técnico Quino Salvo, artífice de un estilo de juego que no por espectacular resultaba menos práctico, hasta el megacrack Bob Harstad, máximo anotador de la categoría y jugador para el que la palabra imposible simplemente no existía. Y entre ellos, un joven Ricardo González, todo un emblema para los aficionados de la ciudad, personificación del esfuerzo y la entrega hacia unos colores (aunque calidad tampoco le faltaba).
Los trece pasarán a la historia del club como los héroes del ascenso, los hombres que catapultaron las ilusiones de una ciudad de poco más de 30.000 habitantes y de una región de 500.000 al circo de la ACB. Cinco temporadas en la máxima categoría, triunfos sobre los grandes (Barcelona y Real Madrid entre ellos) y un tremendo partido por la permanencia (Gran Canaria) permanecerán eternamente en la mente de los aficionados.
Nueve años después de aquel histórico momento, el destino le ha dado la espalda a la memoria. Desde 1997 nadie ha reconocido oficialmente la labor de aquellos hombres que elevaron nuestro deporte a sus máximas cotas. Pero tampoco se ha hecho justicia con la ciudad que vio nacer y crecer al equipo, cuna del baloncesto regional, que en menos de una década ha pasado de saborear la Liga ACB a no disponer de equipo en categoría nacional. Las grandes historias no siempre tienen un final feliz