Nunca la primera jugada del partido fue tan ejemplificadora de lo sucedería después. El equipo camargués se hizo con la posesión en el salto inicial y mantuvo en control de la pelota durante todo el primer minuto. En todo ese tiempo, los locales fueron incapaces de cerrar su propio rebote, pero los visitantes tampoco estuvieron acertados de cara al aro contrario, así que los primeros sesenta segundos de la liga volaron con 0-0.
Los nervios del debut en la categoría agarrotaron a los jugadores morados. En todo el primer cuarto apenas lograron subir ocho puntos al marcador electrónico, entre ellos un triple con carácter histórico, ya que inauguraban su participación en la competición. Los camargueses se sentían cómodos, seguros en defensa y absolutos dominadores del tempo de partido y del rebote defensivo y ofensivo (8-15).
En el segundo cuarto el panorama dio un vuelco espectacular. Los capitalinos sacaron a relucir sus señas de identidad: practicaron el baloncesto que más les gusta, con su clásica presión en todo el campo, sus contraataques y un gran acierto desde la línea de 6'25. En este último apartado destacó un jugador formado en la cantera camarguesa, Raúl Bustamante, que cogió el rollo de esparadrapo, pegó sobre el parquet dos tiras a modo de equis y desde allí empezó a clavar triples como un descosido.
Una noria
Pero la constancia no parece la principal virtud de la escuadra santanderina. Como ya le sucedió en el partido de pretemporada ante Estela Santander, el inicio de los cuartos impares (primero y tercero) volvió a pasarle factura. Construcciones Cubría aprovechó la circunstancia para infligir a su oponente un parcial de 0-8 (28-33), pero pudo sacarle mayor provecho a los casi siete minutos que se pasaron los morados sin anotar.
Un esfuerzo titánico de los locales les permitió reengancharse nuevamente al partido (41-42). A los negros les crecían las dificultades con las faltas personales de alguno de sus jugadores interiores (además contaban con ausencias como la del sancionado Juan Barrero). Pero recogidos en su defensa zonal y con Luis Gómez cerrando su aro, los de Muriedas se sostuvieron en un momento importante del partido.
Mediado el último cuarto, emergió la figura de Ángel Rodríguez (quien vuelve a casa): dos triples suyos desde la esquina rompieron definitivamente el duelo porque, aunque quedaba tiempo suficiente para confiar en una remontada (diez puntos abajo con cuatro minutos por delante), el efecto psicológico sobre los jóvenes morados fue catastrófico. Los camargueses echaron mano de experiencia y acabaron con la poca vida que aún le quedaba al partido, alargando sus posesiones y palmeando el rebote ofensivo.