
Una temporada extraña y ardua para los delfines. Las expectativas estaban situadas en un listón tan alto que la no consecución de ningún titulo les ha alejado del cuadro de honor de Primera. La plantilla más completa de su historia no ha logrado alcanzar las cotas que se presumían en los albores de la campaña.
Comenzaban el curso baloncestístico inmersos en el grupo copero con su eterno rival, Merkamueble. La agónica derrota ante los galácticos torrelaveguenses les suponía su primer gran golpe y, sin tiempo material para recuperarse del impacto inicial, recibían un directo de Baloncesto Corrales que a punto estuvo de mandarles a la lona. Sin embargo, apoyados en su excelsa veteranía y demostrando su capacidad fajadora, lograron clasificarse para la final a cuatro nojeña.
Momento álgido
En su propio feudo y tras una extraordinaria segunda fase, los laredanos partían como claros favoritos. En semifinales eliminaban a un gallito de esta competición, como era Estela Lobos, invicto hasta ese momento. En la finalísima, Raúl Respuela estuvo un punto por encima del resto y los esfuerzos pejinos no frenaron el vendaval amarillo.
El cuadro de los delfines no supo sobreponerse al shock de la pérdida del cinturón de campeones coperos y su inicio liguero se tradujo en dos tropiezos en las dos primeras jornadas. A pesar de los cinco triunfos consecutivos, volvieron a caer en su casa ante los galácticos muebleros, esta vez por un solo punto. Los laredanos se despedían de sus aspiraciones ligueras en la undécima jornada tras caer derrotados en el Palacio de los Deportes ante Estela Lobos.
Su bagaje en la Fase Astur-Cántabra fue decepcionante. El bloque pejino no dio la talla, quedando claramente retrasado a la última plaza de su grupo. Lo único reseñable fue su particular venganza deportiva ante Merkamueble, al que no había logrado superar ni en la final copera ni a lo largo de la liga regular.