
El regreso del conjunto renedano a la máxima categoría regional venía precedido de una victoriosa campaña en la categoría senior autonómica. Como campeones de la segunda división absoluta, emergía un combinado compuesto de jóvenes con hambre de triunfo que poco o nada guardaba de parecido con la espectacular escuadra que tiranizó la liga bajo los designios del maestro José Ignacio Álvaro.
Sin dificultad aparente, superaban la primera criba copera. Amide Camargo y Herpesa Solares no podían frenar el excepcional juego lechero, que sólo encontró obstáculos en los nervios propios de un equipo novel en estas tesituras. Aterrizaban en Noja como la cenicienta de la Final Four, donde caían ante el omnipotente Merkamueble, que no tenía piedad con la quebradiza defensa interior azul. Así todo, concluyeron su participación en el torneo del KO transmitiendo una gran imagen.
Sus dos primeros meses de competición liguera rozaron prácticamente la perfección. En las seis jornadas iniciales sumaron cinco triunfos (incluida una inconcebible a priori victoria en la cancha de Merkamueble, con claro sabor a venganza). Solamente se dejaron sorprender por Herpesa Solares y por un solo punto (81-82). Se convertían en el equipo revelación y dejaban atónitos al mundillo baloncestístico de nuestra región.
Largo camino
A partir de ese momento, padecieron el conocido como muro de los novatos. El temido rookie's walls se convertía en una frontera insuperable para los jóvenes renedanos. La caída en picado parecía no tener final. El derrumbamiento hasta el abismo de la quinta plaza les dejaba lejos de la fase asturiana, sumando seis derrotas en las últimas ocho confrontaciones. Con este bagaje, el sector de descenso era un hecho para los pupilos del técnico David Fernández.
Pero en la última fase de la temporada recuperaron el gran nivel baloncestístico que les había convertido en una referencia dentro de esta liga: vistosas anotaciones y una sublime combinación de transiciones rápidas y un dinámico ataque estático. Única-mente Amide Camargo, la bestia negra de los lecheros, era capaz de impedir un pleno del filial. Cinco encuentros ganados y una derrota les distanciaban definitivamente de las sórdidas plazas de descenso.